viernes, 2 de enero de 2026

Conciencia e inconsciencia colectiva

El inconsciente colectivo es la forma como estamos conectados con todos los demás, y a su manifestación es a lo que suele designarse con aquello de "la voz del pueblo es la voz de Dios”.

Todos formamos parte de una memoria colectiva, fruto de años y años de internalizar ideas y experiencias, y que es el meollo con el cual tenemos que luchar cuando nos proponemos un cambio social. El sociólogo Durkheim acuñó el concepto de Conciencia Colectiva que insensiblemente puede llegar a convertirse en la inconsciencia colectiva. Me atrevo a afirmar que la energía que moviliza el inconsciente colectivo, es, hoy por hoy, la competencia, la codicia, la envidia y el orgullo, a los cuales en una sociedad de consumo se los considera necesarios y útiles para impulsar el crecimiento económico. Tanto el capitalismo salvaje como el socialismo radical o fundamentalista, ponen como su razón de ser el incremento del bienestar económico, cada uno lo explica y lo entiende a su manera; pero ambos sobrevaloran lo material y descalifican los valores del espíritu. Ambos fomentan unas expectativas orientadas hacia la ambición, hacia lo cuantitativo, no hacia lo cualitativo. Las aisladas voces que discrepan de esta sociología tecnocrática-materialista-mecanicista, tienen poca resonancia en las grandes masas alienadas como están por la lucha de intereses que funcionan bajo el supuesto de "quítate tú para ponerme Yo", inspirados en "verdades" derivadas de sus particulares intereses. Valdría la pena preguntarse quienes fueron los que estuvieron apegados a la verdad, la justicia, la bondad, el amor: Sócrates, Jesucristo, Mansoor o los que los crucificaron. Alguna vez, y ojala no sea demasiado tarde, la voz de los pocos será la voz de los muchos si es que antes no acabamos con el país y con el planeta. SI EL HOMBRE NO CAMBIA ES UNA ENTELEQUIA HABLAR DE UN MUNDO MEJOR






Cambiar la mente

Para muchos es una utopía pretender cambiar el mundo cambiando al hombre. Les desanima pensar lo corto que es la vida para empeñarse en semejante "tontería," cuando lo efectivo es cambiar el sistema, una revolución que cada quien imagina, más de acuerdo a sus propios intereses.

Pudiéramos preguntarnos que pasó con la Revolución Francesa, la Revolución Rusa, con Napoleón, con Hitler y Mussolini, y con todos aquellos que en su delirio creyeron que cambiarían el mundo. Valdría la pena preguntarse, ¿De donde viene el poder atómico? ¿Quien lo ha creado, por qué y para qué? ¿De dónde viene la guerra y por qué? ¿Quien ha destruido el medio ambiente y por qué? ¿Por qué no hay verdadera democracia en el mundo? ¿Por qué no hay libertad individual en el planeta? Si piensas que los responsables de tal estado de cosas es algún partido, alguna clase, algún sector de la sociedad, entonces estás equivocado. Por cualquier cosa que pase en el mundo todos somos responsables. La mente humana es la responsable de tanta locura que amenaza al mundo. La mente humana no ha aprendido a ser creativa, por eso hay tanta destrucción. Estamos cansados de ver manifestaciones contra supuestas injusticias y a favor de la vida, que terminan en saqueos, quema de vehículos, piedras y hasta balas contra la policía, heridos y muertos, una destrucción psicótica, y todo en nombre de la paz y la justicia. Se repite con insistencia que no hay otra forma de preservar la paz que la guerra. Maquiavelo decía que la mejor defensa es el ataque. La mente humana tiene que ser cambiada desde sus raíces, si sigue siendo ambiciosa, sectaria, envidiosa, competitiva, vengativa, resentida y destructiva, es una ingenuidad pensar que alguna vez pueda haber un mundo mejor, un mundo de paz, justicia y felicidad. En una oportunidad un estudioso de la conducta humana le dijo a un marchista. “Me intrigas mucho. Te veo en todas las caravanas, en todas las protestas, y gritas como el mejor. El respondió. “Yo también estoy intrigado porque siempre te veo observando, y nunca participas”. ¿Cómo te las ingenias?. Yo disfruto gritando. Es un ejercicio que me hace sentir entusiasmado y excitado. La vida habitualmente es un aburrimiento. Es un claro ejemplo de lo que pasa en los países subdesarrollados, por eso son de conducta tan imprevisible, porque de un día para otro cambian de querencia ya que no hay sentido de pertenencia ni compromiso ideológico. Se trata de una simple algarabía, una confluencia emocional circunstancial; aquello que Miranda llamó "bochinche". Hemos visto rodar y ser pateadas las estatuas de muchos hombres, que en su momento, se creyeron estar sembrados en la conciencia colectiva. Nadie puede estar sembrado en la conciencia colectiva, se puede momentáneamente estar bien colocado en la inconsciencia colectiva, y como en el inconsciente no hay principio de contradicción, los que hoy te adoran serán los mismos que mañana se avergonzarán de ti y vociferarán en contra tuya. Los pueblos como los hombres no necesitan tanta riqueza como felicidad. En una oportunidad una expedición de europeos encontró en la profundidad de la selva africana, una alejada comarca que ni aparecía en los mapas. Le dijeron al jefe: "Qué lástima que están tan lejos de la civilización" a lo cual el piache respondió: "Por el contrario, tenemos mucho temor que la civilización nos descubra porque estaremos perdidos". Que bendita sorpresa hubiera sido que Evo Morales hubiera hecho de Bolivia, una nación rica, y un pueblo feliz. Y que Chávez hubiera entendido, que para hacer de Venezuela lo que puede y merece ser, no necesitaba ser fanático de Fidel Castro ni enemigo a ultranza de Bush. Ni Fidel es Dios ni Bush es el diablo. Dios es alguien en quien proyectamos todo lo bueno y el diablo es en quien proyectamos todo lo malo. Dicho psiquiátricamente, son relaciones de objeto donde cada uno ha puesto sus partes buenas o sus partes malas. PARA CAMBIAR EL MUNDO SOLO HAY UNA ALTERNATIVA, CAMBIAR LO QUE EL HOMBRE ES Y AUTOMATICAMENTE CAMBIARA LO QUE EL HOMBRE HACE. DICHO DE OTRA MANERA CAMBIA LA CONCIENCIA Y LA CONDUCTA CAMBIARA SOLA.




domingo, 14 de diciembre de 2025

Buscar a Dios

Habitualmente decimos que somos hijos de Dios, que somos hechos a su imagen y semejanza. Igualmente decimos que Dios está en todas partes, que todo cuanto existe es obra de Dios. Sin embargo, estando provistos de una condición divina en vez de sentirnos emperadores nos identificamos más con los desposeídos, con los mendigos, y reactivamente, pasamos la vida atesorando cosas.

En realidad todo hombre es un emperador, pero no se da cuenta de ese hecho. No mira hacia su interior, allí donde Dios se pone en contacto con su naturaleza humana. No mira hacia su origen, a la inocencia, al regreso a su condición primigenia.

Nadie ha llegado jamás a Dios por la razón; no puedes buscar a Dios, toda búsqueda es un ejercicio de la mente, una pretensión del ego y paradójicamente, el ego es la barrera.

Dios es incognoscible, Dios puede ser experimentado y vivido pero no puede ser conocido, no se puede reducir a una hipótesis, no puedes creer en El. Dios es y seguirá siendo un misterio como la muerte. Quisiera vivir en la convicción que al morir, rendido el ego, desaparecido el conocedor, se pierda para siempre en lo incognoscible.  Y HAYA UN REENCUENTRO CON EL CREADOR.




lunes, 3 de octubre de 2022

A MI MAESTRO JOSE FRANCISCO TORREALBA

                  Maestro es aquel que conociendo el alma de su alumno, lo lleva hasta el umbral de su esperanza.
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Perdonable es a los hombres que carezcamos de talento, inexcusable el que desconozcamos el agradecimiento. El talento es una bondad de la naturaleza que puede prodigarse a  capricho, el agradecimiento o la ingratitud son manifestaciones afectivas cultivadas bajo  nuestra entera responsabilidad.

Recordar a José Francisco Torrealba, es para mí, el reconocimiento de una deuda. El me  estimulo permanentemente, desde mis años de estudiante hasta los de profesional. Pudo  equivocarse en cuanto a adjudicarme un talento que no tengo, pero donde no se equivocó  jamás fue en cuanto a ciertos principios que me inculco y en la invariable gratitud que le  profeso.

La civilización occidental tiene dos grandes fuentes principales de las cuales se ha nutrido: la religiosa y el pensamiento grecorromano. En mi hogar tuve la oportunidad de acercarme a la primera, a el doctor Torrealba le debo el haberme hecho conocer el valor y proyección de la  segunda. La primera puede alimentar el espíritu y ha ayudado a domesticar al hombre  irracional, la segunda ha hecho posible el entendimiento y ha construido al hombre histórico.

Cuándo en el año 1948 estudiaba bachillerato en San Juan de Los Morros, y fue cuando le conocí; acostumbraba el sabio hacer un paseo matinal por la carretera que conduce a Villa de Cura. Fueron en esas mañanas inolvidables y durante esos paseos, qué me dispenso la honra de  disfrutar de su vocación de maestro y de su profundo contenido humano. En su boca oí  hablar por primera vez de Sócrates, Platón y Plutarco, Siempre me insistía en la fuerza de inspiración que tienen "las vidas paralelas" de este autor. De sus labios salieron las frases dónde con frecuencia repetia, que no había para  comprender el alma humana como adentrarse en el espíritu de los trágicos griegos. No se cansaba de aconsejarme que leyera a J.J. Rousseau y las confesiones de San Agustín,  autores por los cuales tenía especial predilección.

Jamás olvidaré cuando empezaba a leer la poesía didáctica de Virgilio o de su maestro  Lucrecio, había en su voz el acento de quién murmura una oración. Transmitía la sensación  de estar reviviendo 1000 años de historia, decantados en el conocimiento de su propia vida. En ese momento igual pudo llamarsele apostol, filósofo o poeta.

Cuándo leía las georgicas de Virgilio "feliz quién haya podido conocer las razones de las cosas, quien haya deshojado a sus pies todos los temores, la creencia en un destino inexorable y el tumulto todo que envuelve el avaro aqueronte", " pero feliz también el que conoce a los dioses campestres, a Pan, el viejo Silvano y las ninfas hermanas", Habia tal fuerza dramática en sus palabras, y  como profundo conocedor de la Venezuela de ese momento, actualizaba de tal manera el  poema, que era imposible sustraerse de pensar en una tierra sin caminos, sin salud,  sembrada de ranchos, con una educación incipiente y dónde estaba todo por hacer. Allí sentí por primera vez la angustia por el destino de la patria; y por que no confesarlo, por mí mismo, que empezaba a abrir los ojos del entendimiento en el afán de entender, qué había sido para otros y que sería para mí, esa experiencia intransferible que es vivir.

José Francisco Torrealba fue un amante de esta tierra como muy pocos han podido sentirla. Conocía el sufrimiento y el drama del hombre rural venezolano, que hablaba del campesino  con admiración casi reverente. Sin embargo, su amor por el país escogió el camino de lo que algunos con insolente jocosidad han llamado "trasnochador de chipos". Pero qué lejos están de comprender aquel hombre, los que solo vieron en el un caprichoso cazador de mariposas del Chagas. Distantes están también los que lo juzgaron por la medida de sus  "excentricidades".

Cuando le conocí apenas llegaba a los 14 años. Era una mente que solo contaba en su  haber, la inquietud por conocer a que nos condena el haber llegado a la adolescencia; no  podía ser un desplante que aquel hombre gastara parte de su tiempo hablándole a un púber, a la usanza de los maestros griegos. Era sencillamente que se trataba de un espíritu  diferente. Era uno de esos casos originales que todos los días se despertaba preñado de  ideas, dónde la vida fluia con nuevas inquietudes y con renovados bríos, para arrancarle  secretos a la naturaleza. No podía subordinarse a la rutina y no había nacido para las  convenciones sociales.

En el fondo era sensible y siempre dispuesto a dar,  pero consciente de lo que de él hicieron su inteligencia privilegiada y su esfuerzo, no  consintió que se le midiera con una moral ajena a la que encadenó su vida. Aquí cabe  recordar aquel pensamiento de J.J. Rousseau, con el cual ya he dicho que se sentía muy  identificado, " la libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado".

Jose Francisco Torrealba era un hombre libre; y la libertad asusta a los pusilánimes, y hace  temblar la incompetencia de los engreídos por la soberbia y la fortuna.

Cuando confesó " nunca me encontrarán tomando aguardiente, ni jugando gallos, ni en unos toros coleados", estaba diciendo simplemente que pertenecía a ese pequeño grupo de  escogidos, cuyo amor por la ciencia y pasión por el conocimiento, estaban por sobre los  requerimientos de "placer" del hombre común.

En una de las últimas veces que lo visite, dijo que en una de las muchas maletas que le sirven como archivo, están los datos completos para quien quiera escribir su biografía; no fui capaz de entenderlo como una invitación  que me habría honrado. Entiendo perfectamente la responsabilidad que significa presentar a un hombre, de tales características ante los ojos de la historia, estoy plenamente convencido que en la vida de este científico  singular, se define todo un estilo de vivir y de entender la vida; por lo tanto, me apresuro a  confesar que no he intentado hacer una semblanza del sabio, visto con otros ojos, que no los del cariño, admiración y agradecimiento, solo me atrevería a decir que con el doctor Torrealba se ha ido un personaje famoso, consagrado por la ciencia y la anécdota. Para todo el que se le acerco tuvo una faz a conocer, tenía el don de la versatilidad y la agudeza intuitiva de los  hombres excepcionales. Provisto de una inteligencia superior siempre fue abierto al diálogo, aunque no puede decirse que fue siempre tolerante. A sus agudas observaciones y a sus  particularidades temperamentales deben la paternidad muchas de sus anécdotas, que para  algunos pueden resultar irreverentes, pero nunca carentes de ingenio y autenticidad.

Mis deudas para con el son muchas: me enseñó a aborrecer la injusticia con la misma fuerza que a respetar la vida, a comprender al que se envilece sin perdonar al que lo prostituye, a no reconocer otra aristocracia que la del talento, a querer a la patria sin el afán de poder que  nos conduce a lacayos o verdugos, a respetar el dogma pero preferir la verdad, me estimulo y me honro con su afecto; pero por sobre todas las cosas, creyó en mí y me ayudó a que yo  también lo hiciera.